El Alberto
Hacemos covers de poemas,
sonamos con distorsión,
estamos respirando en nuestras versiones.
Demasiados para la repartija de talento.
¿Quién nos hará callar?
Hubiera entrado en un concurso literario
pero quedé pasmada ante la lista de participantes.
No Hay Más Tragedias Que Las Propias.
Tocamos
en los bares de las aldeas
en los tugurios donde la chica que atiende
encandila con las lentejuelas de una lengua stone
donde al que le faltan algunos jugadores
mueve la pelvis like elvis
donde los adolescentes sufren el spleen
entre sus flequillos,
donde, bastante seguido,
el show aburre.
Y qué.
El punto es que el sábado espléndido
está licuándose detrás de las ventanas.
El Alberto, que es un cocker,
rasca tozudamente los mosaicos.
Un manifiesto poético, la rascada.
Una cala
Celebraría la sábana a trasluz, si la siguiera, flotando,
hasta otro funeral.
Con la cabeza suspendida en el aire aserrado,
bamboleando hueco, ventilado,
el cuello de la cala.
Sobre la tela de algodón del color de la cala
se irisan los trazos fluyfluy de mariposas y medusas.
Parece una puerta a medio cerrar, de cristal, en la espalda.
Filosa vaina de inquietud casi abierta.
Para zathurar algún sentido
es que se pliegan prendas
con reflejos
violetas.
Raro que suene verosímil una construcción como
al final del salón o bajo los techos artesonados.
Al menos no resulta doméstica ni tratable
como una toalla colgando de la silla.
Porque tenemos casas chicas que cansan bastante
por esta insuficiencia de jardines.
Pienso en fotografiar la gloria de la sábana
chasqueando sus pliegues sobre el pasto mullido.
El impulso se consuma en sí mismo.
Incierta y susceptible se le da por clasificar
pequeñeces dispersas como
invisibles & hebillas,
sorpresitas plásticas,
cuentas sueltas
de collar.
Dentro de una caja metálica de chocolates
rojo sanguíneo, aterciopelado,
con bordes negros
y una línea
dorada.
Duda si debería arrancar la cala de la mata.
Repliega la amplia sábana, acuosa y aireada.
Camina descalza entre la bruma de las seis y media.
Bajo su roce, el sudor de la noche se le pegará a la nuca.
Tampoco dirá el pérfido verano ni prorrumpirá en.
Todo muy creíble, hasta la bondad en la escena.
A dos cuadras, un casi suicidio.
¿Si fotografiara la sábana para mostrársela
al que tomó cloro y aspiró gas?
Pero cada cual sigue vivo como puede.
El niño
los órganos del niño irradiaban en lo oscuro del cuerpo,
el corazón batía su parche
como quien golpea un pie, deseando la danza
una manta de agua tendí para mi niño,
mi tallo del jardín de las delicias
no sé cómo, ni desde dónde
vinieron los gusanos, las lombrices, las larvas
¡de improviso coleteaban entre sus piernas!
levanté a mi niño para que no lo tocaran,
a él, a mi camalote blanco
la luz hacía frutas sobre el agua
unas moras desgranándose,
entre las alimañas
esa vez salvé a mi cría,
su carne librada de la mordiente
su alma navegando entre las vértebras
pasan días
sin que vengan
los ejércitos blandos de los deshuesados
de los partidos
de los sin ojos ni narices
de los mórbidos
pero no sé qué armas ni cuántas aguas
tendrá la horda cuando vuelva por él,
el que puse a resistir
a vivir.

Carina Radilov según ella misma:
Nací en Sunchales, en 1972, y soy docente y escritora. Coordiné el Taller de lectura y escritura Irulana. Desde infante, la literatura ha sido mi modo de enfocar el mundo, como lectora y escritora.
Comencé mi faz literaria pública leyendo poesía en diversos eventos de la zona, entre los cuales descolla el Festi-Poet, en la ciudad de Rafaela.
Formé parte de la antología Lxs célebres desconocidxs (Rafaela, nunca tengo razón, 2008). La publicación de Flor del Llano, mi primer poemario, por la misma editorial nunca tengo razón (autosugestionada), significó la ocasión para trabajar el material poético que reunía desde varios años anteriores. La tarea de selección y pulido de los textos de Flor… lo realicé junto al poeta Daniel Durand, con quien tomé clases durante aproximadamente un año.
Actualmente trabajo en un nuevo poemario.
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