Hay que saber pasar las noches
Gabriela Massud
I
de las pocas experiencias como vendedora
—han sido demasiadas—
lo que más me ha sorprendido es la idea
de que siempre es posible cambiar
la opinión del que dice que no
—deberían haberme pegado varias veces—
como aquella vez que vendí un libro
a novecientos pesos
en una casa de ladrillos sin revoque
con split
en cómodas cuotas de 90
pesos —eran doce—
la obstinación en cambiar la opinión
tiene una filosofía aplicada
no hay inocencia
entonces no sé cómo funciona
el cliente siempre tiene la razón
II
Él
siempre tiene la razón
dicta duro
lo que debes hacer
pone el ojo
en la contradicción.
Una vez le arruinamos el cumpleaños a un cliente
por no mandarle la vela con la torta.
Fue terrible, las tías mirándose espantadas
por la falta.
III
en el 2001 las tortas no tenían salida
y conseguí laburo vendiendo cursos
de computación
no podías usar la palabra venta
ni tampoco podías decir vendedor
la gente de la ciudad ya no abre
la puerta a extraños conocidos
:sos lo que decís que sos:
durante un mes, llegué a ser
asesora educativa en informática
en el instituto no usaban
folletería y no por ecología
vos sos el folleto —te decía
el morocho que capacitaba
le faltaba un diente
y el traje le quedaba re grande
—para mí se lo habían bajado de una piña—
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y auxiliar de Maestra Jardinera.
IV
Donde más me bardearon fue en la empresa de grúas.
Trabajaba de 22 a 6 y la gente llamaba desesperada.
Perdían rápidamente las fórmulas de cortesía.
Las barbaridades eran mutuas.
V
Lo mejor de la empresa de grúas
era mi alto consumo de pornografía.
Michel de Certeau estaría orgulloso.
El placer que me quitan lo cobro a la noche.
Luego debía recordar: ir a herramientas y
borrar el historial.
Muchas veces me fui con dudas.
Imaginaba a mi supervisora viendo
las fotos de una orgía. Pero
la rutina se cumple involuntaria
se olvida. En todo caso,
me hubiese quedado la negación.
Conservo una foto del último día de trabajo:
en blanco y negro, recostada sobre dos sillas,
con una mano sujetando mi cabeza.
La luz tenue de un velador. La luz del monitor.
La luz de la calle que asoma entre las cortinas.
En otra, miro de frente a la cámara
las ojeras marcan una sombra fina.
Feliz. Sentada en el 107. No sé si se nota.
Ese día una piedra rompió una ventana.
Me asusté. Por muy poco no fue la mía.

Gervasio Monchietti según él mismo:
Nací en Rosario, en noviembre 1979. Viví hasta los 18 años en San Genaro (Santa Fe). Soy periodista y locutor nacional. Estudié Derecho, pero prefería leer poesía y filosofía, que no garpan, pero atrapan.
Publiqué dos libros de poesía Trincheta (Tropofonia, 2010) y 3 cilindros (Diatriba, 2011). En el 2007, junto con Sebastián Moreno, armamos un grupo mutante llamado Tropofonia, que en parte funciona como un programa de radio que se emite por Radio Nacional Rosario. Además, trabajo como editor y encuadernador en el proyecto editorial del mismo grupo. Cada tanto doy talleres de encuadernación y radio en algunas instituciones.
Como periodista freelance colaboro con algunos medios gráficos y digitales. Desde el 2008 colaboro con el Festival Internacional de Poesía de Rosario. Participé como narrador en el XIV Encuentro Internacional de Narración Oral, realizado en Buenos Aires y en «Portuguesia. Fiesta de la poesía en lengua portuguesa y española» en el 2011, en Belo Horizonte, Brasil.
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