La gorrita
Había una gorra tirada
sobre la escalera
y gente que corría allá
porque una voz desesperada
arqueaba golpes en su caja toráCCica
Los vecinos le daban sin parar al pibe en el suelo
y qué raro que tenga gorra
y sí, ¿no
porque para colmo tiene
como los negros
y los gritos
porque ÉL quería decir
explicar
aunque no
La mujer victimada
lloraba con el monedero en la mano
acompañada del aliento de las otras
que vitoreaban
para que los maten a todos
y las patadas
cada vez más fuertes
en el callejón
y a pesar de la gorrita tirada
siempre por su pesar
y flaco como un espárrago
diría la má
tanto
que uno solo bastaba para amarrarlo
apretado como ahora
ahí
marcando las breas
pero no
eran todos los vecinos
JUNTOS
a moretones
hasta las venas azules
hinchadas del pibe
por la justicia prototípica
de anacrónicos presentes festejos
porque llegaba
¡sí, llegaba!
y tan rápido como nunca con sus lucecitas
el patrullero
Todos aplaudían entre tanto grito del que se justificaba
porque no tenía para comer
con su voz profunda llenando el callejón
y contaba o pedía
de/por esos hijos que nadie conocía
y más habría que matarlo
salieron
sí, decían
saliendo
asintiendo
mientras lo zangoloteaban
hasta que un empujón
lo levantó cincuenta centímetros
—las piernas encojidas
fetales—
y lo mandaron de golpe al patrullero
los excitados
que declaraban y declamaban
dando datos y referencias
hasta que quedaron las penumbras
y silencio
aunque nadie notaba ya
no
nadie
que la gorrita seguía
ahí tirada
en la puerta de nuestras casas.
Peluches
Ahora que los heterosexuales
dejaron de reproducirse
nuestros hijos peluches
se quedarán sobre la mesita
Así de golpe
no dormirán más en nuestra cama
Y sin embargo ahora
mientras nos miran de lejos
no nos acostumbramos a unos hijos verdaderos
y como se sabe que no van a ser iguales
a esos del rincón
que abandonamos apenas nos dieron la posibilidad
y aunque —o porque— insistan con que todos los hijos son iguales
querés traerlos a la cama
pero no, no y no
porque ya no es lo mismo
y retengo el impulso
antes de que rompas con el nuevo límite de realidad
y termines como Teresita
—o terminemos como Teresita—
la loca de la Terminal
acunando un juguete.

Cristian Molina según él mismo:
El Niño C es un perverso polimorfo que nace en Leones, provincia de Córdoba (Argentina). Nunca se entendió por qué existe una conexión entre él y Cristian Molina. Algunos plantean que se debe a que este último editó los poemas, las novelas, los cuentos y los ensayos del Niño C en diferentes medios nacionales y del exterior. La sospecha recae, sobre todo, porque nacen en la misma ciudad y en el mismo año. Algunos especulan que Cristian Molina no existe, sino que es el mismo Niño C, camuflado de crítico literario. La hipótesis la ha sostenido La chica irónica, cuando en una nota para el diario La capital, sostuvo que el Niño C es un superhéroe de las letras (detrás de cuya máscara está Cristian Molina) que edita y compone un blog con poesía en vivo y otro de narraciones y ensayos. En 2010, Cristian Molina protagonizó un escándalo en el Festival Internacional de poesía de Rosario, al recriminarle a los organizadores que confundan en los anuncios su nombre con el de El Niño C, hecho que provocó el desconcierto y la ira de los presentes, sobre todo cuando Cristian Molina comenzó a leer y a arrojar los poemas al público en señal de franca protesta. Ese año, publicó también su primera nouvelle virtual, Los elegidos y obtuvo una mención especial por su libro Machos de campo, aún inédito. Durante este año, la editorial Topofonía editará su primer libro de poemas no virtual, Blog (el primero había sido Polos? en la editorial cibernética Espiralnético).
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