1. Noche
«La actriz, nacida en Don Torcuato, partió hacia los Estados Unidos en el año 1992. Allí logró fama rápidamente gracias a las películas triple X»

Tratando de no despertarla tipeo una oferta, hago clic en el botoncito que me confirma como tal usuario y espero. Me llega un mail que dice gracias por la compra te vamos a acercar el artículo dentro de las próximas dos semanas. Dos semanas es mucho y no sé si todavía voy a querer el producto de mi amor, aunque en todo caso podría venderlo, si no fuera un tipo vergonzoso sería la mejor opción. Una porquería esto de la vergüenza, pienso que los grandes hombres, los hombres de verdad, deben estar ahora mismo caminando por las calles del Abasto y Once y Constitución armados con tan sólo su coraje, hechos de literatura mediática y sin miedo a nadie. No como yo, claro, no como yo encerrado en mi departamento, nada que ver conmigo que salto cada vez que alguno pasa haciendo bardo y pega un grito. Hay algo de nacimiento que me impide ser así, un hombre en serio, un tipo que se la banque contra cualquiera, que salga a caminar con la mirada fija al piso y la trompada a flor de piel, un capo que no conozca la timidez o la vergüenza.

Como ser un hombre posta es un misterio, el inalcanzable más allá. Te educan de cierta forma y fuiste. Y a mí justo me educaron de esa forma.

Anoto en el cuadernito de las ideas: por la calle pasan hombres y por la calle paso yo.

Por la calle, también, pasa este puto camión de la basura que hace temblar los vidrios. Lleva cinco minutos estacionado en la esquina y yo justo vivo casi en la esquina.

Así son las cosas: educación, esquina, hombres de verdad. Los pibes que se tiran acá a escabiar me miran mal cuando llego tarde y agarro por Pringles. Sé que nunca van a decir nada pero como no soy un hombre ni los miro, «por las dudas» es mi frase preferida.

Corro la ventana para salir al balcón. Hace frío y estoy en remera y estornudo dos veces. El camión de la basura compacta sin parar, arranca y me da la idea de venderme una realidad hecha de lo que tiran los demás. La llevo al cuadernito: de los restos nacerá la nueva sociedad, la tierra del fénix.

Al irse, el camión hace de telón de un Focus que está estacionado en diagonal a mi balcón. Adentro hay una pareja transando. El flaquito está agarrado de la gomita del pelo de la chica, que es rubia teñida y tiene puesta una campera blanca. Mientras él pelea con el cierre, ella sigue besando. Hay una mano en un muslo, un bamboleo y finalmente un manotazo de ahogado: tocó una teta, la derecha. Ella se ríe, lo mira, dice chau, lo besa de nuevo, es un chuponazo que seguro los deja bien mojados. Chau, chau. La piba se baja y corre a la puerta de su edificio. Saca las llaves y abre, una vez adentro mueve una mano y saluda. Tira besos. El pibe arranca y se va.

Ya en la pieza siento cómo lucha mi erección contra el pantalón. Miro a la mamina pero la mamina duerme. Si estuvieras despierta… Pero sé que cuando dormís no te gusta que te jodan. Aunque, qué se yo, si le pongo un poco de pilas por ahí algo se puede hacer. Estás dada vuelta para el otro lado y seguramente te sacaste la tanga —se te cortó la sangre hace dos o tres días ya. ¿Será posible? Me dijo una o dos veces que, dormido, le metí mano por todas partes. Ahora la cosa es al revés o algo por el estilo. ¡Habrá que innovar! Siempre son buenos los cambios, siempre productivo saber ver entre dos sillas el espacio que dejan vacío. «Y el vacío / de tu cola / el vacío de tu cola es algo / que me puede más». Esa canción no existe y me da pena y creo que debería escribirla entera. Levanto las sábanas y allá voy. Te separo un poco las piernitas y lo confirmo, sos muy capa: te sacaste la tanguita, esto puede llegar a funcionar. Un hombre de verdad no hace estas cosas y lo sé, pero no me queda otra. Lo positivo de reconocerte incompleto, carente de cualidad alguna, es que te abre la puerta para salir a jugar. Y de jugar un hombre de mentirita nunca se cansa.  A ver, a ver… Pero cuando me rozan tus pelitos íntimos te movés y me asusto. Por las dudas desisto, mirá si te despertás, el lío que se arma. Ya fue.

Boca arriba miro parpadear la lucecita azul del monitor. La policía de los ángeles anti-violaciones me patrulla el dormitorio. Los hombres de verdad atraviesan el barrio de Once para internarse en las oficinas centrales del organismo.

Una idea más: soy menos que un hombre. Soy lo que los hombres buscan para cagar a palos.

Cierro los ojos aunque sé que no voy a poder dormir, todavía la tengo parada y encima los de arriba empezaron a darle que darle otra vez, esto es cuestión de todos los días. Con la mamina tenemos otro ritmo porque ya cruzamos los treinta y nos estamos volviendo viejos. Con la mamina es otra cosa, es amor, no sólo sexo. Seguramente se duermen apenas acaban, lo que es pésimo para la salud. Con la mamina nos quedamos hablando por horas. Lástima que esté dormida, sino les podría mostrar.

Lo peor de todo es esa campanita que no para de sonar, debe ser el respaldo de la cama o los gemidos de la mina o qué sé yo qué sé cuanto que no para y sigue siguiendo y me rompe la cabeza sin parar.

 

2. Mañana

Es como si la estuviera mirando siempre, como si me dedicara a espiar lo que no me muestra calma y livianita, hecha toda una bambi y regaladísima a mí, gratis. Espiar a alguien te termina dando poder sobre ese otro, no saber que estás ahí chupándole la vida le impone un estado bambi aunque deteste Disney y toda idea yanqui. Tiene mucho más mérito hacerme el dormido hasta sentir que se levanta y, de dormida nomás, olvida ponerse la bata, iniciando el espéctaculo de tetas y culos, que encararla a la hora del mate y preguntarle, como quien no quiere la cosa, que cómo le va cuáles son sus proyectos. Sé que espiándola me acerco, sé que desconoce por completo mis verdaderos placeres y eso me hace un tipo más interesante, hay algo que nunca digo y al fin y al cabo soy yo y ella se pregunta y eventualmente trata de averiguar (preguntando por mis proyectos, por cómo me va).

Que no sepa quién soy me pone de lo más piponazo.

Cuando escucho que se terminó de bañar me levanto, la puerta del baño entreabierta y me asomo y pispeo. El pelo tocándole la rodilla, está secándose la cabeza con los ojos cerrados, toda doblada, intento de gimnasta. Toco la puerta y le pregunto si desayunamos juntos, prende el secador a nivel tres y no contesta. Pienso qué carajo hice ahora para que esté enculada, puteando me tiro un buzo encima porque entra chiflete y ya estornudé dos veces. Por las dudas, me subo las medias.

Media hora después el que sale de bañarse soy yo, la llamo y la busco y la lamento: se fue sin despedirse. Detesto a los que se van sin decir chau. No saben si te van a volver a ver pero no les importa.

Esta piba a mí me perdió el respeto, que la parió.

Completamente despechado, pre-ataque a la Gustavo Bermúdez, me voy para la computadora y tipeo: muchaspibascalientes.com.ar.

Ya vas a aprender.

Ya vas a ver como se respeta a un hombre.

Después de descargar me pego otro baño. Cuando me estoy secando los de arriba pasan a saludarme. Tiran la cadena y yo acá en mi bulito miro el inodoro y me asqueo de mi propia leche. Se ve que olvidé apretar el botón. Menos mal que me avisaron los veci. Imaginate lo que hubiera pasado si la mamina veía esto.

Miro para arriba y digo gracias.

 

3. Tarde

Detesto la tarde porque me la paso en el mostrador y la pantalla de la pc da inevitablemente a la calle. Hay un resquicio entre las zapatillas de la vidriera que les muestra a los que pasan y no compran todo lo que hago, a todo momento.

No puedo mirar porno.

No puedo recolectar material.

Estoy meado por un caballo.

Cada vez que la llamo, me da ocupado. En el Messenger el estado es verdecito-online, pero no me contesta. ¿Hay algo peor que verla en verdecito, y que no te conteste?

Esta mina está en cualquiera. La debo estar perdiendo.

Qué boluda.

Yo también estoy en cualquiera pero sigo acá buscándola y queriéndola como si fuera la Colmenares.

¿En qué andará mamina?

Quiero mirar porno y no puedo.

Son las tres y cincuenta y dos de la tarde.

Los voy a metrallear a todos estos giles que pasan y se me quedan mirando.

 

4. Noche
«Recibió heridas fatales producto del uso de un objeto contundente»

Debe ser como la una y media de la mañana. Sin poder dormir me acerco a la ventana del cuarto y trato de encontrar con la vista algún otro salame como yo asomado en el edificio de enfrente. Hay un par de luces prendidas de lo que estimo son los baños, por ahí una nariz de vez en cuando pega contra unas cortinas blancas que de nuevas y blancas ya poco, casi nada, pero otro como yo, no.

Le sigo hablando pero hace como media hora que se durmió. El método es seguir y seguir hasta convencerla en el nivel de los sueños, que en el subconsciente le quede mi voz y todo lo que le voy diciendo.

Vamos a volver a estar bien, mamina, vos quedate tranquila. Claro que hay que hacer un esfuerzo, por supuesto que hay que ver cómo remontar la situación. Pero vos quedate tranqui que vamos a salir, quedate piola. No pienses que ya no me gustás, si estás re buena. Mirá, si hace un rato justo me quedé mirando fotos tuyas…

Entonces llega el Focus. La piba tiene puesta la misma campera blanca. El pibe no sé si es el mismo o ya lo cambió. Trata de abrazarla pero no le da cabida. Manoteando la puerta dice chau y dejame o dejate de joder, sos un tarado, el pibe trata de retenerla y se lleva un pedazo de bolsillo de culo de pantalón pero nada más, la chica ya se fue pegando un portazo. El pibe se acomoda la ropa y le pega al volante con las palmas de las manos, una, dos, tres, cuatro veces. Se peina usando los dedos como rastrillos. Enciende el auto pero no arranca, hace tiempo rascándose la nuca y, sin explicación aparente, mira para acá. Duro para que no me vea, la idea es confundirme en el mar de ventanas, pero es obvio que me está mirando a los ojos y no lo soporto y cierro los míos bien fuerte. Por las dudas. Pasan cinco, diez segundos, y arranca.

Le digo a la mamina que se quede tranquila que va a estar todo bien.

A las cinco de la mañana me despiertan los de arriba. Le están dando a la campanita sin guardarse nada. No sé como la chuchi no se despierta.

Veo que dejé la computadora prendida. Muevo el mouse y se activa el monitor. En la pantalla no encuentro las fotos de la mamina que estaba relojeando antes de acostarme, sino una escena, en pausa, de Filler’ dicker’ big bang in Porongo¸ esa en la que el protagonista acaba en la cola de Luxxx y clava los ojos en la cámara dos, tres, cuatro segundos, y desaparece.

 

5. Mañana

Cuando me despierto la busco pero ya se fue. La colcha levantada de su lado, el colchón frío, no es sólo que ya se fue sino que lo hizo hace rato, últimamente no sé lo que le pasa pero no la entiendo. Es obvio que algo mal debo haber hecho, mi sospecha va por el lado del porno, se debe haber dado cuenta de que estoy todo el día metido en tetascalientes23.com.ar, en negrassuciasmamis.uk. Soy bastante distraído, seguro que dejé alguna página en el historial que terminó delatándome. Qué tarado. Igual, no le hablaría, mirá si blanqueo y la mamina no sabía nada… No, por las dudas me quedo en el molde. Ya se le va a pasar, casi seguro que en una semana nomás ya se le pasa.

Le reviso la computadora, no sea cosa de estar victimizándome al santísimo pedo cuando lo que pasa es que la mamina encontró otro macho.

No veo nada raro.

Antes de bañarme me casco y bajo más fotos para la página.

 

6. Tarde

En el laburo me dicen que tengo cara de muerto, parece que no parpadeo o parpadeo poco y eso los pone de la cabeza.

Piden explicaciones y les digo: es todo culpa de mis vecinos de arriba. No paran de darle y darle y no me dejan dormir.

Se ríen. Dicen que al menos tengo algo similar a una vida sexual.

«No como antes».

Se ríen un poco más.

Loco metralleta en Caballito.

 

7. Tarde-Noche. Conversación con el portero.

Tiene que hablar con los de arriba, con los que viven arriba mío. Se la pasan todo el día moviendo muebles, haciendo música, no sé…
Arriba tuyo… ¡Ah! ¡Natalia! Natalia vive ahí… ¿Así que hace mucho ruido?
Constantemente. No nos dejan dormir, eso es lo peor. Creo que a mi novia le está haciendo mal.
Ah, ¿vivís con tu novia ahora?
Sí, desde siempre, ¿no la conoce?
¿Sabés que no la tengo, che? ¿Es morochita, así como flaquita? Se me hizo una laguna, che.
No se preocupe. ¿Habla con los de arriba entonces?
En cuanto la vea a Natalia le digo.

 

8. Noche
«La última película que protagonizó, tres días antes de su muerte, fue una parodia porno de Peter Pan, donde hizo de una Campanita muy fogosa»

Sueño con la piba de la esquina. Me está montando desesperadamente, le da sin descanso y chorrea chivo por todas partes, aunque intento no puedo sacarle esa campera blanca que lleva desde el primer día que la vi. Parece que la tiene pegada. Cuando estoy por acabar, saca de un bolsillo una campanita chiquita, tan pero tan lustrada que el brillo me ciega y tengo que taparme los ojos con las manos. La chica sigue dándole a la matraca, cada vez más rápido, con ansias de dejar secuelas, cada movimiento es una campana más cerca del final. Ahí a la vuelta de la leche el ruido se hace insoportable y termino despertándome. Me manoteo las bolas para ver si enchastré todo pero por suerte no pasó naranja. Cuando ocurren estos accidentes la pitulina te duele por dos días.

Arranco para el baño y de refilón miro por la ventana, que dejamos abierta de par en par (a la mamina le gusta levantarse con sol). Está el Focus estacionado en la esquina. Adentro, lo que al principio parece ser la escena de siempre, me hace pegar un grito (la mamina ni se mosquea). El pibe está reventando a la chica contra el volante. Le da una, dos, tres veces, la piba está desmayada o muerta —en este momento no lo puedo definir— y le sangran la frente y la nariz. Cuando se da cuenta de que su novia no responde, el flaco, lejos de salir corriendo a esconderse o pedir ayuda, hace un montoncito del pelo de la chica, le abre la boca con dos dedos de la otra mano y hace que la chica, su novia zombie, se la chupe.

Ni me muevo. Más allá del gritito histérico inicial, me limito a mirar. Estoy en bolas frente a la ventana, con el amigo contento y como un mástil.

Cuando se aburre la tira contra la puerta del acompañante (como la mamina, la piba ni se mosquea), enciende el auto y se queda pensando. Entonces mira para acá y sonríe. Intercambiamos miradas durante dos, tres, cuatro segundos, hasta que aprieta el acelerador y sale rajando.

Le digo a todas las mujeres del mundo: quédense tranquilas que vamos a estar bien.

 

9. Mañana

El hecho de que el portero sea un hombre del interior y porte semejante zapán, me hace pensar que fue uno de esos parrilleros que encontrás ahí nomás de la banquina en el medio de la nada, uno de esos gordinflones simpáticos medio gauchos medio borrachos que no le venden un chori ni a sus amigos, otros borrachos, de tanta mugre y mala pinta que tienen esos puestitos de ruta.

Gracias al supremo el portero fue un parrillero condenado al fracaso, de los que se ven obligados a comerse las sobras a las cinco de la tarde, hinchados por exceso de sol y vino dulce.

¿Qué hubiera sido de mí sin esa barrera de mierda, sin ese rejunte de caquita?

Paso a contar: me levanté antes que ella, creo que como mucho habré dormido dos horas por culpa del shock que me dejó el ataque a la chica. Bañadito, tomé un café y salí. En la puerta me cruzó el portero.

Tenés que presentarme a tu novia, me dijo.
¿Todavía no se acuerda de ella?, le contesté.
Sabés que no, che…

Baja la cabeza para concentrarse, para tratar de recordar, yo aprovecho para pispear cómo está la calle y es entonces cuando lo veo venir, más petiso de lo que imaginaba, con un lunar junto al bigote y barba de tres días.

Apenas empezó a gritarme tomé resguardo detrás del portero.

¡Pajero, te voy a matar! ¡Puto de mierda! ¡Sos un pajero!

Entonces el parrillero de mi alma extiende los brazos y lo frena en plena carrera hacia mi cara. El pibe arremete pero la panza de mi amigo del interior lo hace rebotar.

¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar!, sigue gritando.

Nos apretujamos los tres en un sanguchito que hace del portero una mortadela barata, jugamos a los empujonazos y, por suerte, lo más que llega a hacer el tipo es a rasguñarme el dorso de una maño.

¡Rajá, rajá porque llamo a la cana! Rajá de acá pendejo porque te rompo toda la cara y después llamo a la cana para que te venga a salvar, dice mi gordinflón preferido.
Ya te voy a agarrar a vos, puto, me grita el pibe, antes de pegar media vuelta y subirse al Focus.
¿Qué le pasa a éste?, pregunta el portero.
Creo que mató a la novia y tiene miedo porque sabe que lo vi, respondo sin aire, temblando. Más tarde le cuento todo lo que pasó la noche anterior, me pide que haga la denuncia y digo sí, sí, por supuesto, no se preocupe.

Vos y yo sabemos que nunca me atrevería a hacer la denuncia.

 

10. Tarde

Metralleta mata cliente.

No tengo ganas de hacer nada.

Antes de cerrar el local le dedico una a flaquitastrolitas567.com.ar (encerrado en el bañito con un wallpaper impreso en hoja oficio) y bajo, como puedo, tapando la vidriera, moviendo la cintura, un poco más de material para la página.

 

11. Noche
«Se sospecha de su novio, aunque los investigadores no descartan la teoría de un fan abusivo»

Me despierto a las tres de la mañana, entre el ruido del motor del Focus y la música que sale de su interior (la reconozco, es Calientes de Babasónicos), una vez que la chica abre la puerta para bajar, dice chau, chau y corre hacia la puerta del edificio, entra, tira besos, lo mismo de siempre. El muchacho arranca y se va. Pienso: entonces no la mató, me estuve haciendo demasiadas películas.

Tengo que encontrar alguna manera de sacarme todas estas ideas de encima.

Manoteo la cama buscando a la mamina pero la mamina no está. La llamo y nada, cerró la puerta del dormitorio, me dejó solo. Todavía amodorrado me pongo el jogging negro, salgo al living y la vuelvo a llamar. Hay luz en el hall. Escucho que está cerrando la puerta con llave.

Cuando la enfrento se asusta y me dice, saqué la basura porque te habías olvidado. Hacía mucho que no me hablaba, y ahora esto: sacó la basura porque me había olvidado. Hace rato que me olvido de sacar la basura, parece, lo que justifica ese ceño fruncido y el tonito, ese puto tonito de reclamo tan suyo que a veces como que me cuesta aguantar.

Es tarde, vení a dormir, le digo, pero no me da bola y se encierra en el baño. Al rato escucho que abre la ducha.

¿A esta hora se va a bañar?

Cualquier cosa para no estar conmigo.

Que se cague.

Esta relación no va para ningún lado, estamos fritos. Será porque ella es una parca de mierda o porque me olvido de sacar la basura. No sé. Estamos hechos una porquería y ahora ella se baña para sacarse culpas de encima. Debe ser. Por ahí de algo le sirve, aunque lo más probable es que esté sentada en el inodoro esperando a que me duerma para no tener que volverme a hablar. Seguro que se acuesta demasiado sequita.

¿Para qué sacó la basura a esta hora?

¿Y si estaba entrando de otro lado?

¿Y si en realidad sacó la basura, se fue con otro tipo y ahora se está bañando para sacarse el olor?

Pero no, no, no puede ser. Demasiadas películas.

Intento dormir pero los de arriba ya empezaron de nuevo. Dale que dale y que dale a la matraca. Esto ya es insoportable. El celular me muestra que son las tres y cuarenta y cuatro de la mañana. Esto no puede seguir así. No les importa nada.

Acomodándome un buzo, abro la puerta del baño de un sopetón esperando encontrarla sentada en el inodoro, tomándome el tiempo. 

Se está bañando.

Le digo, ¿a vos te parece esto? ¡Me cansé! ¡Ahora me van a escuchar!

Estoy esperando que me trate de tranquilizar pero no responde. Pienso que se debe haber quedado dormida.

Los ruidos son cada vez peores. Los gemidos de la mina cada vez más propios de una ópera, la campanita estallándome los tímpanos y para colmo de males el chabón del Focus que vuelve. Entre los quejidos y el techo que se cae en cualquier momento me asomo a la ventana de la pieza y lo veo. Está mirándome, otra vez. Sé que me viene a buscar. Si me apuro y corro a quejarme de los de arriba por ahí no me encuentra y nos salvamos. Mamina se está bañando y no va a poder contestar. Estamos bien.

Llegando a la puerta de entrada veo que estoy en bolas. ¿Tan dormido puedo estar, que pensé cambiarme pero no? ¿Estaba soñando? Mientras miro los rulos erizados de mis piernas, alguien, un alguien muy peligroso, toca el timbre, da tres golpes fuertes a la puerta y dice «pibe, pibe soy yo, el portero».

¡Gracias, Dios!

Me vuelve el alma al cuerpo.

Arriba acaban o mueren porque ya no se escucha nada. Por ahí los mató el del Focus, por ahí calculó mal los pisos y mató al flaco del departamento de arriba. María te escuche.

Parece que la mamina terminó de bañarse porque ni siquiera escucho el calefón. Silencio completo.

«Pibe, pibe soy yo».

Abro.

Hola pibe, pensé que no estabas.
Hola ¿qué pasa?
Nada, los de abajo vinieron a quejarse de que estás haciendo mucho ruido.
¿Yo? No, no, son los de arriba, los de acá arriba… Hace como dos o tres días que se pusieron insoportables.
Mirá que el de abajo está re caliente, dice que hace rato que no pueden dormir pero nunca dijeron nada, hasta que hoy ya se les hizo…
No, te juro que yo no soy, por los caños o que sé yo se debe transportar lo de los de arriba.
Yo te aviso nomás.
Si querés vamos y les tocamos a los de arriba que…
No, no, dejá, ahora veo qué hago. Igual, haceme la gauchada y tratá de no hacer mucho ruido, ¿estamos?
Sí, todo bien, igual te digo que…
Yo me encargo, yo me encargo. Quedate tranquilo.

Increíble.

El mundo es un lugar groseramente injusto.

 

12. Mañana

No pude dormir, de la bronca. Seguro que los de arriba apolillaron mejor imposible, de lo cansados que quedaron de tanto darle. Claro, que se jodan los giles. Que se joda el idiota de abajo.

Llamo al local y aviso que no voy a poder ir, que me siento mal.

Mamina se fue temprano, otra vez sin saludar. A la mina esta ya no le importo ni un rabanito, ya le da lo mismo. La relación en el tacho y un basurero bien sarmientito listo para levantar la bosta que le regalamos. Ya está todo dicho. A la noche vamos a tener que hablar, así no podemos seguir.

Hoy tengo el día para mí y planeo muchísimas cosas. Voy a ordenar la casa. Voy a salir de compras. Quiero cuatro camisas nuevas y un par de borcegos. Quiero ser más hombre y peinarme a lo Gardel. Por ahí, desde lo exterior, embadurnándome de sin sentidos, me gano un par de huevos.

Quiero tomar jugo de naranja con cafecito. Salgo a comprar.

En la calle otra vez el portero.

Perdoname lo de ayer pibe, hablé con los de arriba y dicen que ellos no hacen ruido. Son gente grande…
En buenas condiciones físicas, entonces. Si supieras cómo le dan…
¿Ah sí?
Después hablamos.

Enfilando para el súper chino quedo de frente al edificio de la esquina, la veo y no lo puedo creer. No es otra que ella y sin embargo trato de engañarme, escucho cómo mi cabeza trata de convencerme de que sigo soñando, me dice que debería mirarme las piernas para ver si no estoy en bolas y metido todavía en la cama, por ahí si me asomo por la ventana lo agarro al del Focus asesinando a la piba.

Pero no. No veo el auto pero el tipo está ahí, cruzando la puerta del edificio, un brazo pasado por detrás de la espalda de la chica, acariciándole un hombro. Los dos melosos y sonrientes, metiendo picos entre palabras que no llegan a completar.

Esto no está pasando. Esto no está pasando. Esto no está pasando.

Pienso en «La Tregua» de Benedetti.

«Dios mío. Dios mío. Dios mío».

Me cruzo corriendo.      

Los encaro, y mirándola fijo le grito: ¿qué mierda es esto? ¿Qué carajo estás haciendo?

El chabón desarma el abracito, se me viene encima y me ensarta. No es una piña sino que me deja marcados cuatro dedos bien abiertos entre la oreja y el mentón, sobre el perfil izquierdo. Tambaleo y termino chocando con el Focus. Ahí estaba. Todo el tiempo había estado ahí.

¡Puta! ¡Sos una puta!

El tipo me pega una patada en el pecho con la planta del pie, vuelvo a darme contra el auto y termino de jeta en la vereda.

Sin compasión alguna por el que ya empezó a llorar, inicia una seguidilla de puntinazos goleadores sobre mis piernas y estómago.

Mamina le pide que pare pero el chabón se puso pipón y me sigue dando. Es como los vecinos de arriba: no tiene fin.

Entre el portero y uno que salía de la panadería me lo sacan de encima.

No puedo parar de llorar. Soy el mariconazo del barrio de Almagro. Soy el trillado putón del barrio. Soy menos que los menos que me miran desde los colectivos que pasan despacito, chusmeando.

Me quedo ahí, tirado, ventilando mis miserias para todas partes, por primera vez tienen espectadores y no saben qué hacer, la película que me vendí no tiene cambio y pretende mantenerme preso.

 

13. Noche
«La familia se pelea por los ingresos que devienen de la línea de artículos eróticos creada por la actriz»

10.43 pm
Son todas iguales: mentirosas, putitas y egoístas.

Lo supe desde mi mismita mamá. Lo que me despertó esa noche fue la campanita. Tendría siete u ocho años y dormía de cara al techo por miedo a que, si me daba vuelta, alguien me clavara un cuchillo o algo por el estilo. Soñaba con eso y creía que podía pasar, en cualquier momento. De grande supe que eso se llama miedo al engaño, terror a la traición. Yo le tenía miedo a las desilusiones y mamá me estaba por corromper para siempre.

La campanita sonaba a todo lo que da. Era como si una vaca Milka tuviera un ataque de epilepsia en la habitación de mis viejos. Me levanté a ver qué pasaba. La puerta entreabierta, me apoyé para ver un poco y se abrió de par en par. Mamá estaba encima de papá y gemía. Se le veían las tetas. En la mesita, sobre una pila de revistas, la campanita se movía al son de la cama. Estaban pegadas, la cama y la mesita de luz. El ruido no les molestaba sino que los motivaba a seguir.

Estuve parado ahí como diez minutos, mirando, tratando de descifrar qué era lo que sucedía, para qué estaban haciendo eso. Una cosa es segura y es que no me quería ir. Mi lugar en el mundo era ése y no me iba a mover de ahí.

Al rato y a pesar de intentar evitarlo, el frío (estaba en calzoncillos y era invierno) me hace estornudar dos veces, haciendo caer a mi mamá de culo a la alfombra, llevándola a taparse y gritarme, sin aire y temblando, ¡hijo! ¿qué hacés acá?
Escuché ruido y…
Le estaba haciendo un masaje a papá, hijito. Se siente mal.
Está bien.
Andá para la cama que ya voy.

Salgo corriendo y la odio para siempre por mentirosa.

 

12.36 am

Cuando me fui de casa me llevé la campanita. Es dorada y está grasosa de mugre.

 

02.02 am

Me levanto y miro por la ventana pero ni señales del Focus, el tipo o la mamina. Que se mueran todos.

Busco una silla y me instalo en el balcón. Voy a esperarlos. Ya deben estar por llegar. En cualquier momento se aparecen, ya van a ver.

El frío me la quiere complicar pero no puede, voy a estar mega preparado para cuando llegue la mamina y pueda dedicarle una rapidita muy eficaz. Me toco continuamente para que la pitulina no se duerma.

 

03.55 am

No aparecieron.

Tendré que festejarla de otra forma.

 

04.06 am

Enciendo la computadora y entro a mi nueva página personal: maminacampanita.com.ar.

Ahí está, esplendorosa. Mi homenaje, mi brazo extendido hacia el más allá. Dicen que la mató su novio. Yo nunca le haría daño, yo la cuidaría para siempre. Por ella cultivaría los huevos más grandes del mundo. Nadie se le acercaría.

La piba de la esquina se le parece un poco, pero nada que ver: la mamina es mucho más linda.

Los últimos días me costó un poco recolectar las fotos, desde que la mataron vienen sacando las imágenes por orden de no sé quien. El FBI, imagino, que siempre está metido en todo. ¡Mirá si me vienen a buscar! No van a poder hacer nada. Peinado a lo Gardel voy a defender mi recuerdo de la mamina.

Elijo una de las fotos y la pongo a pantalla completa. Veintitrés pulgadas de pura desnudez abierta. Estoy al palo.

Con la campanita en la mano, me pongo boca abajo y empiezo a darle a la muñeca inflable que me llegó a la tarde (antes le tenía que dar directamente al colchón, era un papelón). Cada tanto cierro los ojos y trato de recordar aquella noche, la de mamá queriendo venderme fruta. Ya vas a ver, putita, le digo. Ya vas a ver por mentirosa.

Son todas unas putas, no hay con qué darle.

La muñeca es una reproducción de la actriz muerta.

La cama da contra la pared, la campanita acondiciona el momento y para colmo de colmos empiezo a gemir.

Me tocan el timbre muchísimas veces.

Golpean la puerta y me llaman por mi primer nombre. Aparte del portero escucho los gritos de otro chabón. Debe ser el gil de abajo.

Me importa todo un carajo.

Le sigo dando y dando y estoy cerca de acabar. Tengo la grandísima suerte de que un instante antes, un pequeño segundito antes, escucho estacionar el Focus en la esquina. Levanto la cabeza, me suena la columna y la veo, bajándose del auto.

La mamina, la mamita, la mujer muerta, el clímax, todo lo que soy.

Agarro bien fuerte la campanita, cierro los ojos y acabo.    

 


Gonzalo Castro Truch según él mismo:

En las nubes, perdido, mitad del cuerpo en una rama, la otra mitad en el aire, a punto de caerme, no hay con qué darle, la gente se me enoja pero cuando sos así para qué pelear, ¿no? El amigo Julito me señaló el camino y ahí le empecé a dar a la lapicera, primero usaba las agendas que me regalaban mis viejos, más tarde me compré mi primera computadora y la cosa empezó a cambiar, me hice grande, me dejé la barba y conocí a mi mujer, musa inspiradora (¡cursi!). Viaje a Córdoba y primer intento de novela. Ahí sigue, esperando remate. Vuelta a Buenos Aires ya con mucho Ballard encima, con aires punk y panza de cerveza, me ves y no lo creés, como dice la gente de Slipknot, you’ll stare but you’ll never see, there’s something inside me. 
Creepy, loquito. 
Pero buen tipo. 
Sabelo.

Otro cuento de Gonzalo Castro Truch publicado por eSe:
El poema de Oliver Twist


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