Caminar.

Veredas sorprendentemente limpias para un domingo por la mañana. Ni un solo vómito, ni un charco clandestino de meada. Ascética limpieza de las precipitaciones.

Frío.

Una luz azul cubre la madrugada, el sol todavía no salió pero ya se palpa su luz inquisidora —a través de las nubes— contaminándolo todo: autos, edificios, árboles secos, todo. El azul-náusea de las mañanas con dolor de cabeza, el de las mañanas mareadas que lo encuentran solo y lejos; el que lo cubre, el que promueve los recuerdos; el azul que levanta la tierra y la tira en los ojos. Es el azul de una ciudad desierta y aburrida que duerme sus pecados y sus coitos interruptus, sus mentiras, sus resacas, sus traiciones. Una ciudad que duerme porque está muerta como todas las ciudades. Una ciudad azul de camas calentitas, camas blandas y blancas. Camas que jamás existieron o cesaron de existir, que se desvanecieron en el aire.

 

(en el aire azul)

 

Siente unas ganas irracionales de llorar, zapatear, gritar, revolcarse por el suelo y tirarse a dormir en el banco de alguna plaza; de oler el nauseabundo hedor del croto que probablemente haya muerto en el mismo lugar el día anterior. Pero no. Seguir caminando para llegar a alguna cama, vacía, pero segura y familiar; un punto del universo donde dejar de existir unas horas, donde todo dejará de existir o existirá de esa manera sádica y repetitiva con que insiste en hacerlo cuando él cierra los ojos y juega a morirse. Lejos de los gemidos, lejos de los recuerdos. ¿Lejos?

niebla que cubre los recuerdos y los sueños

 

(que estuviera

que me acompañara

que me arropara

que apagara la luz para asesinar las horas azules

que acariciara mi cabeza hasta quedarme dormido

que estuviera)

 

imposibilidad, madre de todas las nostalgias

 

No puede traerla de vuelta. No sabe dónde estará, no sabe si estará. Si juega a la enfermera con otro borracho, si duerme, si sigue muerta. Si la vida tuviera música funcional estaría sonando “Time Remembered”, mejor Joy Division.

 

desierto azul

camas calientes

anticrepúsculo

cielos cargados de olas

 

El amanecer lo va a encontrar vagando por las calles huyendo de la lluvia, y amanecer despierto es la perdición. Cuando amanece es necesario estar horizontal, de otra forma se amanece sumergido en una patética vulnerabilidad vertical. Se hace evidente la exigencia —el peso del nuevo día— por tener que hacer algo y se comienza pidiendo disculpas por todo lo que no se ha hecho y todo lo que no se hará, por todos los besos que se van a morir sin llegar a ningún lugar, sin encontrar otra boca. Besos sonámbulos en habitaciones vacías.

«Perdónenme por estar despierto a estas horas», dice en voz alta, seguro de que nadie lo está escuchando. Un perro ladra a lo lejos a modo de única respuesta.

 

(vivir pidiendo perdón)

 

«Perdón por amanecer despierto y volviendo. Por amanecer borracho desandando calles vacías. Perdón, señoras y señores de Babilonia por ser tan poético en momentos de tamaña decadencia. Gracias, gracias pero perdón.»

 

(gritar)

(gritar)

(gritar)

 

El sol, la mañana.

Veredas demasiado limpias para un domingo tan temprano. Pavorosamente más limpias que su alma azul.

Azul.

Azul mojado.

Azul frío y etílico; el que odia. El que hace vomitar.

Azul domingo.

 

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